Lunes-Viernes 9:00-13:00 / 14.00-18.00
Bolardo de tránsito metálico circular para espacios públicos. Altura: 100cm; Diámetro: 9 cm. Marco de acero inoxidable para enterrar.
Bolardo de tránsito fabricado en tubo redondo de acero galvanizado. Anclaje: para enterrar. Disponible en diferentes colores. Dimensiones: Ø 60 x h.1280 mm.
Bolardo de carretera de acero galvanizado y pintado con esfera decorativa. Fijación: a rejuntar. Producto italiano.
Bolardo de delimitación en acero galvanizado. Para ser empotrado. Dimensiones: Ø 6 x 87 h (sobre el suelo). cm
Pilona delimitadora con esfera decorativa y ojales para anclaje de cadena. Diámetro: 6 cm.
Bolardo para mobiliario urbano fabricado en acero galvanizado con elemento decorativo semiesférico en la parte superior. Diámetro 60 mm.
Bolardo de carretera de acero barnizado con bola decorativa y brida para cadena. Fijación: a rejuntar. Dimensiones: Ø 6 x h.120 cm. Fabricado en Italia.
Paquete de 20 unidades
1.870,66 € IVA incl.Bolardo de tránsito con estructura tubular en acero. Fijación: para empotrar.
Paquete de 20 unidades
1.990,45 € IVA incl.Bolardo de tránsito con estructura tubular de acero de 3 mm de grosor. Diámetro: 60 mm
Paquete de 3 unidades
305,21 € IVA incl.Bolardo rectangular de acero galvanizado e inoxidable, 100x50x1000 mm, para enterrar, con punta personalizable para mobiliario urbano moderno.
Paquete de 20 unidades
2.090,40 € IVA incl.Bolardo de delimitación con estructura tubular en acero espesor 3 mm con terminal de forma cónica.
Paquete de 20 unidades
2.090,40 € IVA incl.Bolardo de tránsito con estructura tubular en acero espesor 3 mm. Fijación: para empotramiento.
Bolardo de tránsito de acero galvanizado de 80 mm de diámetro, con bola decorativa, banda reflectante y anillos laterales para el enganche de cadenas.
Bolardo clásico de acero pintado Ø 8 cm, altura 87 cm. Fijación para empotrar para delimitación de parques, villas y zonas peatonales públicas.
Bolardo de tráfico fabricado en tubo de acero de 76 mm de diámetro. Fabricado en Italia. Fijación: para relleno. Altura sobre el suelo: 1025 cm.
Bolardo de carretera octagonal en perfil de acero galvanizado. Altura sobre el suelo cm 85. Diámetro: 12 cm
Poste de delimitación con estructura tubular de acero. Altura sobre el suelo: 988 mm. Fijación: a rejuntar.
Paquete de 20 unidades
2.988,70 € IVA incl.Bolardo de delimitación en acero. Fijación: para empotrar. Altura sobre rasante: 931 mm.
Bolardo vial en acero galvanizado, para delimitar zonas urbanas. Altura sobre el suelo 100 cm, diámetro 17,5 cm.
Bolardo de delimitación en acero galvanizado, Ø 17,5 cm, con anillos laterales. Diseño clásico gris plomo y oro para mobiliario urbano y zonas peatonales.
Bolardo de delimitación con estructura tubular en acero espesor 3 mm y diámetro 76 mm. El terminal es de forma esférica con cuello recto.
Bolardo de delimitación con estructura tubular en acero espesor 3 mm y diámetro 60 mm. Altura sobre rasante: 1006 mm
Bolardo de delimitación con cabeza oblicua. Diámetro: 9cm. Altura total 120 cm.
Bolardo de tráfico de acero galvanizado. Fijación: a rejuntar. Fabricado en Italia. Altura sobre el suelo. 1000 mm.
Columna de delimitación para mobiliario urbano de tubo cuadrado de acero de 100x100 mm. Fijación: para empotrar. Producto italiano.
Bolardo de tráfico para espacios públicos con banda reflectante.Material: acero galvanizado. Diámetro 10 cm, altura total 120 cm.
Bolardo de acero galvanizado con pomo de bola y ojales para cadena. Altura 120 cm, fijación para empotrar. Ideal para mobiliario urbano y vados.
Bolardo vial de acero galvanizado, diámetro 10 cm, altura 120 cm. Diseño moderno con doble banda reflectante y fijación mediante empotramiento.
Bolardo cilíndrico de fundición para mobiliario urbano, diámetro 14 cm, altura sobre el suelo 64,6 cm. Fijación empotrada para zonas peatonales y zonas de tráfico limitada.
Bolardo de tráfico en acero galvanizado ideal para delimitar determinadas zonas. Altura sobre el suelo 100 cm, diámetro 11,5 cm.
Bolardo de tránsito de acero inoxidable tratado Ø 76 mm. Fijación: a tragar. Producto italiano.
Bolardo de delimitación en fundición, altura 64 cm, fijación mediante empotramiento con anillos laterales. Ideal para centros históricos y zonas peatonales urbanas.
Bolardo de delimitación de espacios públicos fabricado en acero galvanizado. Altura sobre el suelo 100 cm. Diámetro: 23,5 cm
Bolardo de acero galvanizado con anillos, altura 100 cm, decoración esférica y medalla de oro. Fijación para empotrar para delimitación de áreas urbanas.
Bolardo para mobiliario urbano en chapa de acero galvanizado con tapa semiesférica. Color: aluminio brillante. Dimensiones: Ø 21,9 x h. sobre el suelo 60 cm. Parte a enterrar: 20 cm.
Paquete de 20 unidades
7.979,95 € IVA incl.Pivote de tránsito con estructura tubular de acero de 3 mm de espesor y 100 mm de diámetro. Fijación: a rejuntar.
Bolardo de tránsito abatible en acero galvanizado, altura 110 cm. Sistema inclinable con cerradura de llave para gestión de accesos y zonas peatonales.
Bolardo para espacios públicos en acero galvanizado ideal para delimitar centros históricos y plazas. Altura sobre el suelo 100 cm. Color: bronce
Bolardo de acero galvanizado con bola decorativa, Ø 19 cm, altura 120 cm. Diseño elegante con anillos para cadena, ideal para centros históricos y parques.
Los bolardos para el mobiliario urbano representan elementos estructurales indispensables para la gestión racional de los flujos vehiculares y la protección de los espacios peatonales dentro de las áreas urbanas y los recintos industriales. Estos dispositivos no se limitan a una función de barrera física, sino que se integran en el tejido arquitectónico actuando como mediadores entre la viabilidad activa y la seguridad de los transeúntes. La adopción de un sistema de disuasión adecuado permite prevenir el estacionamiento indebido, delimitar áreas de tráfico limitado y proteger infraestructuras sensibles, garantizando al mismo tiempo un impacto estético coherente con el contexto circundante.
La elección de un bolardo implica una evaluación profunda de las prestaciones mecánicas, la resistencia a los agentes atmosféricos y las modalidades de instalación, que pueden variar desde la fijación permanente al suelo hasta sistemas móviles para accesos temporales. Realizar una selección consciente significa analizar las características de los materiales, como el acero inoxidable, el hierro fundido o el hormigón, en relación con la carga de trabajo y la frecuencia de uso prevista para ese determinado acceso o perímetro urbano.
La integración de bolardos de tráfico en un proyecto de planificación urbana responde a necesidades de seguridad y orden que van mucho más allá de la simple prohibición del paso de vehículos. Estas herramientas están diseñadas para absorber o desviar las trayectorias de marcha, creando zonas de respeto para peatones, ciclistas y usuarios vulnerables de la vía. En contextos de alta densidad habitacional o comercial, el uso de bolardos profesionales permite establecer una jerarquía clara entre los espacios, reduciendo drásticamente el riesgo de siniestros derivados de maniobras impropias o accesos no autorizados en zonas reservadas.
Desde el punto de vista de la gestión patrimonial y pública, instalar soluciones de alta calidad reduce los costes de mantenimiento a largo plazo y protege el mobiliario urbano preexistente, como bancos, jardineras y monumentos, del impacto accidental de los vehículos. Además, la presencia de bolardos certificados aumenta la percepción de seguridad de los ciudadanos, valorizando el entorno urbano y favoreciendo la habitabilidad de los espacios abiertos. La robustez estructural de estos elementos garantiza una duración plurianual incluso en condiciones climáticas adversas o en entornos caracterizados por alta salinidad, como las localidades costeras, donde la corrosión podría comprometer la integridad de productos no profesionales.
La eficacia de los sistemas de disuasión reside también en su capacidad para actuar como disuasor visual, comunicando inmediatamente la naturaleza del área protegida sin necesidad de señales verticales voluminosas o barreras invasivas. En ámbitos industriales o logísticos, los bolardos se emplean para delimitar carriles de carga y descarga, proteger los pilares de los almacenes y separar las zonas de tránsito de carretillas elevadoras de las reservadas al personal. Esta versatilidad de aplicación convierte al bolardo en un componente fundamental no solo para los municipios y administraciones públicas, sino también para los gestores de aparcamientos privados, centros comerciales y complejos residenciales que necesitan un control de accesos riguroso y eficiente.
Elegir productos fabricados con tratamientos superficiales avanzados, como el galvanizado en caliente o la pintura en polvo epoxi, asegura que el dispositivo mantenga sus características mecánicas y estéticas inalteradas con el tiempo. La resistencia a los impactos es el parámetro técnico de referencia: un bolardo correctamente dimensionado debe ser capaz de detener o ralentizar un vehículo en movimiento en función de las necesidades específicas de seguridad de la zona de instalación, equilibrando la rigidez estructural con la capacidad de deformación programada para minimizar los daños en caso de colisión a baja velocidad.
El panorama tecnológico de los bolardos para mobiliario urbano ofrece una amplia gama de soluciones diferenciadas principalmente por el mecanismo de accionamiento y los materiales constructivos utilizados. Los bolardos fijos representan la elección tradicional para la delimitación permanente de áreas peatonales o para la protección de aceras; se anclan directamente al suelo mediante empotramiento en hormigón o fijación con brida y tacos, ofreciendo la máxima resistencia mecánica. Por el contrario, los bolardos móviles o amovibles están equipados con sistemas de llave o base extraíble, ideales para accesos que deben abrirse ocasionalmente para el paso de vehículos de emergencia o para operaciones de mantenimiento urbano.
Para una gestión automatizada de los flujos, los bolardos escamoteables (neumáticos o electromecánicos) representan la vanguardia técnica: estos cilindros se retraen al nivel del pavimento permitiendo el tránsito vehicular sin crear obstáculos físicos cuando no están activos. Las variantes en acero inoxidable son particularmente apreciadas en contextos modernos y de prestigio, gracias a su resistencia innata al óxido y al acabado pulido o satinado que confiere un aspecto contemporáneo. El hierro fundido, por su parte, sigue siendo el material de elección para los centros históricos, donde el diseño clásico combina perfectamente con la arquitectura de época, garantizando al mismo tiempo una elevada masa para un contraste físico eficaz.
Además de las diferencias funcionales, los bolardos se distinguen por el formato y la visibilidad nocturna, a menudo incrementada mediante la aplicación de bandas retrorreflectantes o la integración de LED luminosos en la cabeza del cilindro. Existen modelos flexibles, fabricados en materiales plásticos con alta memoria de forma, capaces de doblarse en caso de impacto y volver a su posición original sin dañarse ni dañar al vehículo; estos están especialmente indicados para áreas de maniobra estrechas o aparcamientos donde el impacto es una eventualidad frecuente. Los bolardos de hormigón o piedra reconstituida, por su parte, ofrecen una solución estética pesada y estable, a menudo utilizada en combinación con cadenas para crear delimitaciones perimetrales largas y continuas.
La diversificación de los diámetros y de las alturas sobre el suelo permite configurar la protección en función del tipo de tráfico prevalente: se requieren bolardos más altos para ser visibles a los conductores de vehículos pesados o SUV, mientras que modelos de altura estándar (aprox. 60-80 cm) son suficientes para la viabilidad urbana normal. Cada variante requiere un análisis específico del sustrato de instalación, ya que la estabilidad de un bolardo depende tanto de la calidad del producto como de la solidez de la base sobre la que se monta, especialmente en el caso de los modelos destinados a la seguridad pasiva anti-alunizaje.
La selección del bolardo ideal requiere un análisis preliminar del contexto de uso que va más allá del simple aspecto estético. El primer factor a considerar es la frecuencia de acceso: si el área protegida debe ser accesible varias veces al día para residentes o vehículos de servicio, es indispensable optar por bolardos escamoteables automáticos o sistemas semiautomáticos que no requieran esfuerzo físico para su movimiento. En zonas donde el acceso se requiere solo raramente, como para la limpieza de calles o intervenciones de emergencia, un modelo amovible con llave triangular o cilindro europeo representa una solución económica y eficaz.
Un error común en la fase de compra es subestimar la naturaleza del suelo: la instalación de bolardos fijos requiere una profundidad de excavación adecuada para garantizar la estabilidad frente a esfuerzos laterales, mientras que para los modelos escamoteables es crítico prever un sistema de drenaje de aguas pluviales eficaz para evitar el estancamiento dentro del foso, causa principal de fallos eléctricos u oxidación precoz de los componentes mecánicos. También hay que evaluar la altura útil del bolardo: un dispositivo demasiado bajo podría no verse durante las maniobras de marcha atrás, causando daños accidentales continuos que podrían evitarse con el uso de bandas reflectantes de alta intensidad o colores contrastados.
Otro criterio fundamental se refiere al nivel de seguridad requerido por el sitio. En áreas sensibles, como embajadas, bancos o plazas concurridas, es necesario orientarse hacia bolardos certificados con resistencia al impacto calculada en Julios, capaces de resistir intentos de intrusión forzada. En estos casos, la estructura interna del bolardo está reforzada y el sistema de anclaje está dimensionado para disipar la energía de un impacto a alta velocidad. Por el contrario, para la simple protección de una acera privada, un bolardo de tubo de acero con fijación por tacos puede ser suficiente, reduciendo los costes de instalación.
Es igualmente importante verificar la compatibilidad de los materiales con el entorno circundante: en zonas de montaña sujetas a la dispersión de sal fundente, o cerca del mar, el acero inoxidable AISI 316 es la elección obligada para prevenir la corrosión por picaduras (pitting). Finalmente, la estética no debe descuidarse: el diseño del bolardo debe armonizar con los demás elementos del mobiliario urbano, como farolas y papeleras, para evitar una fragmentación visual del espacio público. Un producto bien elegido no solo resuelve un problema funcional de viabilidad, sino que contribuye al decoro urbano y a la longevidad de la inversión en infraestructura.
Los bolardos de tráfico deben responder a prescripciones normativas específicas que regulan su uso y características técnicas para garantizar la seguridad pública. La normativa vial define los bolardos como elementos aptos para impedir el estacionamiento o el tránsito en determinadas áreas, estableciendo que su instalación debe ser autorizada por el ente propietario de la vía. Es fundamental que tales dispositivos sean claramente visibles y que no constituyan un peligro para ciclistas o motociclistas; por este motivo, la normativa técnica a menudo impone el uso de colores específicos o la integración de elementos retrorreflectantes que señalen su presencia incluso en condiciones de escasa iluminación o niebla.
Además de los aspectos relacionados con la viabilidad, los bolardos deben cumplir con las normativas europeas sobre seguridad de productos y, si están automatizados, con la Directiva de Máquinas. Esta última exige que los bolardos escamoteables estén equipados con sistemas de seguridad integrados, como sensores de detección de obstáculos o señalizadores acústicos y luminosos durante el movimiento, para prevenir el aplastamiento o la elevación accidental de personas o vehículos en tránsito sobre el cilindro. El cumplimiento de las normas CE es un requisito esencial para cualquier suministro profesional, garantizando que el producto ha sido probado para resistir las cargas estáticas y dinámicas declaradas por el fabricante.
Un aspecto a menudo descuidado se refiere a las normas sobre la eliminación de barreras arquitectónicas: los bolardos deben posicionarse de modo que no obstaculicen el paso de sillas de ruedas o cochecitos, manteniendo espacios mínimos conformes a la legislación vigente sobre movilidad inclusiva. En las áreas peatonales, la disposición de los bolardos debe seguir esquemas precisos que permitan la protección del perímetro sin convertirse en una trampa física para quienes tienen dificultades motoras.
En el ámbito internacional, las pruebas de resistencia al impacto siguen estándares como la normativa PAS 68 o IWA 14-1, que clasifican los bolardos en función de su capacidad para detener vehículos de diferentes masas a velocidades variables; estos estándares son las referencias técnicas para el diseño de sistemas de protección antiterrorista. También la elección de los materiales debe reflejar estándares de sostenibilidad y reciclabilidad, con especial atención a las pinturas utilizadas, que deben estar libres de metales pesados y ser resistentes a los rayos UV para evitar la degradación química superficial. La documentación técnica que acompaña al producto debe incluir siempre los certificados de origen de los materiales y las declaraciones de prestaciones (DoP), esenciales para la recepción de obras públicas o industriales.
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En entornos costeros con alta concentración de salinidad, el material recomendado es el acero inoxidable AISI 316. En comparación con el acero galvanizado común o el inoxidable AISI 304, la variante 316 contiene molibdeno, que confiere una resistencia superior a la corrosión salina y al pitting, garantizando la integridad estructural y el brillo a lo largo del tiempo sin necesidad de mantenimientos protectores frecuentes.
Sí, los bolardos automáticos requieren revisiones semestrales para garantizar la seguridad operativa. Las principales intervenciones incluyen la limpieza del foso de alojamiento para evitar la acumulación de residuos, el control del correcto drenaje de las aguas pluviales, la verificación de los sensores de seguridad y el control de los niveles de fluidos en los sistemas hidráulicos o el engrasado de los componentes mecánicos y electromotores.
El bolardo fijo está diseñado para una instalación permanente mediante empotramiento o brida con tacos, ofreciendo una resistencia constante en el tiempo. El modelo amovible cuenta con una base que permanece fijada al suelo y un cuerpo superior que puede retirarse mediante una cerradura con llave, permitiendo el acceso temporal a vehículos autorizados o de emergencia en áreas normalmente restringidas.
Las alturas sobre el suelo más comunes varían entre los 600 mm y los 800 mm. Esta medida asegura que el bolardo sea visible desde los espejos retrovisores de los automóviles y perceptible para los peatones. En contextos industriales con tránsito de vehículos pesados, se prefieren modelos de 900-1000 mm de altura para evitar impactos accidentales debido a la posición elevada de las cabinas de conducción de los camiones.
Para prevenir el estancamiento, durante la instalación es necesario crear una base de grava o piedra triturada drenante bajo el fondo del foso o del cilindro. En los modelos electromecánicos o neumáticos, es fundamental conectar el desagüe del foso a la red de alcantarillado de aguas pluviales, asegurando que la humedad no dañe los componentes internos y no comprometa la fluidez del movimiento de elevación.
Muchos fabricantes ofrecen la posibilidad de personalizar la cabeza del bolardo o el cuerpo cilíndrico mediante grabado láser o fundición directa en hierro. Esta opción es muy utilizada por las administraciones municipales para integrar el escudo de la ciudad y por los centros de negocios para reforzar la identidad de marca, transformando un elemento de seguridad en un complemento de mobiliario urbano distintivo y decorativo.
El uso de bandas retrorreflectantes, típicamente de clase 2, es muy recomendable y a menudo obligatorio por las normativas locales para garantizar la seguridad nocturna. Estas bandas permiten a los conductores identificar el obstáculo gracias a la reflexión de la luz de los faros, reduciendo el riesgo de colisiones en zonas poco iluminadas y garantizando la conformidad del dispositivo con los requisitos de seguridad vial pública.