Lunes-Viernes 9:00-13:00 / 14.00-18.00
Columpio balancín de metal. Asientos: 2. Dimensiones: L256 x D40 x H68 cm.
Columpio basculante de madera de 2 plazas para parques infantiles y jardines públicos. Dimensiones: L260 x P30 x H75 cm.
Columpio balancín de 2 plazas. Estructura de acero electrogalvanizado y pintado.
Columpio balancín de dos asientos con neumáticos para enterrar. Apto para niños de entre 3 y 8 años. Altura de caída: 80 cm.
Balancín para parques infantiles públicos o privados. Equipado con 2 asientos. Material: metal.
Columpio basculante con viga de madera de pino nórdico. 2 plazas. Dimensiones totales: L306 x D30 x H77 cm
Columpio Balancín para zonas de juego y jardines públicos. 4 plazas. Dimensiones totales: L406 x P30 x H77 cm
Balancín para espacios abiertos. Número de usuarios: 4. Dimensiones: L. 247 x P. 75 x h. 86cm.
Columpio de madera de 4 plazas para parques infantiles. Dimensiones: L400 x P42 x H85 cm
Columpio basculante de 2 plazas en aluminio y acero electrogalvanizado.
Balancín para parques infantiles. Plazas: 2. Dimensiones: 250 x 40 x h. 78cm.
Columpio balancín de aluminio para espacios abiertos y zonas de juego. 2 plazas. Dimensiones: 306 x 30 x 77 cm
Columpio balancín con 2 asientos. Fabricado en aluminio y acero galvanizado eléctricamente.
Columpio mecedor de 4 plazas. Estructura en aluminio y acero electrogalvanizado.
Balancín de aluminio. Dimensiones: 308 x 40 x h. 78cm.
Balancín para parque infantil. Edad de uso: 3-12 años. Dimensiones totales máximas: L. 250 x P. 112 x h. 151cm.
Balancín para parque infantil. Edad de uso: 3-8 años. Dimensiones totales máximas: L. 355 x P. 33 x h.305 cm.
Columpio balancín para parque infantil de 4 plazas. En aluminio y acero electrogalvanizado.
Columpio balancín de 2 plazas para parque infantil. Dimensiones: L.386 x P.25 x h90 cm. Área de seguridad: 19,5 m2.
Balancín de 4 plazas. Inclusivo.
Balancín para parque infantil de 4 plazas. Dimensiones: L.386 x P.25 x h.90 cm. Edad recomendada: 2-14 años.
El balancín representa uno de los juegos clásicos más comunes en espacios públicos, escuelas y ludotecas. Se trata de una estructura basada en un principio mecánico simple pero eficaz: una viga oscilante que gira sobre un punto de apoyo central, permitiendo que dos o más niños se alternen en el movimiento ascendente y descendente. Este tipo de juego desarrolla el equilibrio, la coordinación motora y el sentido de cooperación entre los pequeños usuarios. Los balancines disponibles en el mercado varían significativamente en cuanto a materiales de construcción, capacidad de carga, dimensiones y sistemas de anclaje, respondiendo a las diferentes necesidades de instalación en contextos públicos y privados.
La estructura portante puede estar fabricada en metal galvanizado, madera nórdica tratada o aluminio; cada material ofrece diferentes prestaciones en términos de durabilidad, mantenimiento y resistencia a la intemperie. Los modelos comerciales van desde versiones más compactas de 2 plazas, ideales para jardines pequeños, hasta configuraciones de 4 plazas diseñadas para áreas de juego con gran afluencia de usuarios. Muchos fabricantes incluyen sistemas de seguridad integrados, como neumáticos enterrados para la amortiguación de caídas y superficies de juego que cumplen con las normativas europeas sobre seguridad en juegos infantiles. La elección del modelo depende de variables técnicas como la edad objetivo de los usuarios, el espacio disponible, las condiciones climáticas locales y el nivel de mantenimiento que el gestor pueda garantizar a lo largo del tiempo.
Los balancines ofrecen beneficios significativos desde el punto de vista del desarrollo cognitivo y físico de los niños. Este juego estimula de forma natural el cálculo del equilibrio y la fuerza, enseñando a los pequeños a regular su propio peso corporal para mantener la viga en un movimiento armónico. La experiencia lúdica del balancín promueve la colaboración entre iguales, ya que el juego solo funciona correctamente si ambos participantes coordinan sus movimientos. Desde el punto de vista de la gestión, los balancines requieren poco espacio en comparación con otras atracciones lúdicas, tienen costes de mantenimiento muy bajos y una excelente longevidad constructiva, especialmente en los modelos fabricados con acero galvanizado o aluminio. Además, su coste de adquisición sigue siendo competitivo frente a juegos más complejos, lo que permite incluso a pequeños municipios y escuelas disponer de atracciones seguras y conformes a las normativas.
En el ámbito recreativo, los balancines se adaptan a contextos muy diversos: parques públicos, patios escolares, ludotecas cubiertas, jardines privados, instalaciones recreativas de empresas y estructuras de hostelería. La sencillez constructiva no implica bajas prestaciones; los modelos profesionales están diseñados según la normativa EN 1176 relativa a la seguridad de los juegos y garantizan una experiencia de juego variada en todas las estaciones. El movimiento oscilatorio desarrolla además el sistema vestibular del niño, fundamental para la orientación en el espacio y el control de la postura. Muchos educadores y psicomotricistas reconocen en el balancín una valiosa herramienta formativa, especialmente para el desarrollo de la conciencia corporal y la gestión del riesgo calculado.
El mercado de los balancines propone una notable variedad constructiva, empezando por la elección del material estructural. Los modelos en acero electrogalvanizado y pintado representan la solución más robusta y duradera, con una resistencia excepcional a las condiciones atmosféricas extremas y una mínima necesidad de mantenimiento. El acero galvanizado mantiene sus propiedades mecánicas incluso tras años de exposición a la lluvia, el sol y las variaciones térmicas, lo que lo hace ideal para instalaciones permanentes en espacios públicos. Los modelos de madera nórdica tratada ofrecen, por el contrario, una estética más natural y cálida, apreciada en contextos donde la integración paisajística es importante; la madera utilizada proviene típicamente de bosques sostenibles y se somete a tratamientos antifúngicos y antioxidantes que prolongan su duración de 10 a 15 años con un mantenimiento regular. El aluminio representa una opción intermedia, combinando ligereza y resistencia a la corrosión, aunque con un coste generalmente superior al del acero.
En cuanto a la capacidad, los modelos de 2 plazas representan la configuración más clásica y extendida, con dimensiones compactas (longitud habitual de 250-310 cm) y un peso máximo permitido que oscila entre los 80 y 120 kg en total. Las versiones de 4 plazas aumentan el tamaño (hasta 400 cm de longitud) y la capacidad de carga, permitiendo sesiones de juego con más niños y reduciendo los tiempos de espera en áreas con mucha afluencia. También existen versiones inclusivas diseñadas específicamente para acoger a niños con discapacidad motriz, equipadas con asientos ergonómicos, dispositivos de estabilización y espacios adecuados para sillas de ruedas. Muchos fabricantes incluyen neumáticos enterrados para amortiguar las caídas, algo fundamental para el cumplimiento de las normativas de seguridad. Algunos modelos también proponen formas decorativas de madera o acero perfilado, que transforman el balancín en réplicas de animales o vehículos, aumentando su atractivo estético sin comprometer las funciones lúdicas.
La selección de un balancín debe partir del análisis de los usuarios objetivo y del espacio disponible. Si la instalación está destinada a un área escolar con niños de entre 3 y 8 años, la elección recae naturalmente en modelos de 2 plazas con alturas de caída reducidas (generalmente 60-80 cm) y superficies de seguridad proporcinadas. Para parques públicos de alta frecuencia, las versiones de 4 plazas garantizan una mejor gestión del flujo lúdico y representan una inversión más sostenible en el tiempo. Un aspecto crucial es el análisis del terreno y las condiciones climáticas locales: si el área está sujeta a lluvias frecuentes y humedad, el acero galvanizado o el aluminio resultan más idóneos que la madera, que requiere tratamientos periódicos y un mantenimiento constante. Por el contrario, en zonas con escasa humedad e insolación moderada, la madera nórdica tratada ofrece una estética superior con costes de mantenimiento razonables.
Un error común es subestimar la importancia de la superficie de seguridad y el área de caída libre. Según la norma EN 1176, cada balancín debe disponer de una zona de protección circundante definida por las especificaciones técnicas del producto, generalmente comprendida entre 15 y 20 metros cuadrados. Si el espacio disponible no permite la instalación correcta, es mejor optar por modelos más compactos en lugar de forzar una instalación no conforme. El sistema de anclaje al suelo también representa un factor crítico: los modelos con neumáticos enterrados ofrecen mayor estabilidad y cumplimiento normativo que los caballetes simplemente apoyados. Para instalaciones permanentes en escuelas o parques municipales, es aconsejable verificar que el proveedor proporcione certificados de conformidad con la normativa europea EN 1176 y la declaración de prestaciones según el reglamento CPR. Por último, considere el nivel de mantenimiento aceptable: el acero pintado requiere inspecciones periódicas, la madera tratada necesita revisiones anuales y el aluminio requiere una limpieza periódica para preservar su superficie.
El balancín, como juego para parques públicos, debe cumplir con la norma europea EN 1176-1 "Equipamiento de las áreas de juego y superficies - Parte 1: Requisitos generales de seguridad y métodos de ensayo". Esta normativa prescribe parámetros técnicos rígidos en cuanto a materiales de construcción, resistencia mecánica, espacios de seguridad, alturas de caída libre y diseño ergonómico de las superficies de juego. Todo fabricante serio debe proporcionar una declaración de prestaciones que certifique el cumplimiento de los requisitos de la norma y la disponibilidad del expediente técnico con planos constructivos, manuales de montaje e instrucciones de mantenimiento. El cumplimiento normativo es obligatorio para la instalación en áreas públicas, mientras que las instalaciones en terrenos privados pueden gozar de mayor flexibilidad, siempre teniendo en cuenta las responsabilidades civiles del propietario en caso de accidentes.
Los aspectos específicos abordados por las normativas incluyen la resistencia de la estructura portante a cargas estáticas y dinámicas, calculadas considerando el peso máximo de los usuarios y los factores de amplificación debidos a los movimientos oscilatorios. La geometría de las aperturas y espacios debe excluir la posibilidad de atrapamiento de la cabeza o de las extremidades superiores, con diámetros mínimos y máximos precisamente definidos. Las superficies en contacto con la piel (asientos, asideros) deben carecer de aristas vivas y estar tratadas para evitar sobrecalentamientos excesivos bajo el sol estival. El área de caída libre circundante debe estar cubierta por materiales amortiguadores certificados, normalmente caucho suelto o pavimento elástico sintético, dimensionados en función de la altura máxima de caída prevista. Muchos gestores de parques públicos requieren además revisiones periódicas por parte de técnicos certificados, generalmente anuales, con registro de las inspecciones y de cualquier trabajo de mantenimiento o sustitución de componentes dañados. La norma EN 1176-3 profundiza específicamente en las distancias de seguridad con respecto a otros equipamientos y obstáculos fijos, impidiendo instalaciones demasiado próximas que podrían comprometer la seguridad durante el movimiento oscilatorio.
Explore todos los productos de la categoría y compare las soluciones disponibles para encontrar la más adecuada a su contexto operativo. Ya sea para una instalación escolar, un parque público o una estructura privada, nuestra gama de balancines ofrece modelos que cumplen con las normativas europeas, fabricados con materiales duraderos y diseñados para garantizar la seguridad y diversión de los niños.
Un balancín es un juego basado en un principio de palanca simple: una viga horizontal descansa sobre un punto de apoyo central y oscila cuando dos o más niños se desplazan alternativamente hacia arriba y hacia abajo. El movimiento ocurre de forma natural gracias al cambio de peso corporal de los niños, sin necesidad de motorización. Es uno de los juegos más clásicos para el desarrollo del equilibrio y la coordinación motora.
El acero galvanizado ofrece máxima durabilidad y un mantenimiento mínimo, ideal para climas húmedos. La madera nórdica tratada proporciona una estética natural y calidez, pero requiere mantenimiento anual. El aluminio combina ligereza y resistencia a la corrosión, con un coste generalmente superior. La elección depende de las condiciones climáticas locales y del presupuesto disponible para el mantenimiento futuro.
Los modelos de 2 plazas son más compactos (250-310 cm de longitud), requieren menos espacio y se adaptan a jardines más pequeños o áreas escolares limitadas. Los modelos de 4 plazas son más largos (unos 400 cm), permiten sesiones de juego con más niños y son preferibles en parques públicos de alta concurrencia, reduciendo los tiempos de espera.
La norma EN 1176 prescribe requisitos estrictos sobre resistencia mecánica, espacios de seguridad, alturas de caída libre, ausencia de aristas vivas y conformidad ergonómica. Obliga a la entrega de una declaración de prestaciones, expediente técnico y manuales de montaje y mantenimiento. El cumplimiento normativo es un requisito obligatorio para la instalación en áreas públicas.
El espacio necesario comprende el tamaño de la estructura más el área de caída libre circundante, habitualmente entre 15 y 20 metros cuadrados en total. Un modelo de 2 plazas requiere aproximadamente 60-80 m² de área total, mientras que uno de 4 plazas necesita al menos 100-120 m². Verifique siempre las especificaciones técnicas del producto elegido.